Estaba anoche recordando las mil y una razones por las cuales el 'baseball' me apasiona tanto. Seguía mirando estadísticas y repasando números de esta temporada y decidí pasarme por 'YouTube' a recordar uno que otro clásico. Con cada segundo que veía se me erizaba todo el cuerpo y recordaba la grandeza del juego.
Desde juegos perfectos hasta no-hitters, peleas, jonrones, robos de base, en fin, todo; es un juego que te envuelve, te hace suyo. Nueve entradas podrán parecerle tediosas a muchos, pero habemos quienes daríamos mucho por alargar cada juego, y más aún, cada temporada. Cada lanzamiento trae consigo ansiedad y desesperación, y cada batazo nos detiene el corazón. Cientos de jugadores han dejado su marca en las Grandes Ligas, aunque sólo un reducido número habita el Olimpo del béisbol.
Yo soy una romántica del deporte. Hay imágenes que me conmueven más que a la inmensa mayoría y que me causan inmensa alegría, y a veces, inmensa tristeza. Soy fiel creyente de las pasiones, y la mía, que es este juego, me hace sentir viva.
162 partidos al año, y con suerte, un mínimo de 12 partidos más. Será una temporada eterna para algunos ilusos que no conocen lo que en realidad es sentir amor al juego... Pero permítame decirle, lector, que no hay espera más larga que aquella que va de noviembre a abril; esa espera es la eterna.
Hoy no les escribo de nada en particular, pero si de algo muy importante para mi. Mientras revisaba mis vídeos favoritos en 'YouTube', me encontré con un tributo a un joven prospecto. Aún recuerdo la noche del 8 de abril de 2009... veía el partido de Anaheim vs. Oakland y me llamaba la atención el lanzador abridor del equipo local (Anaheim) y me decía a mi, y decía a mi padre que me acompañaba, que para ser tan joven, y con tan poca experiencia, ese chico había lanzado un juegazo y que se le veía futuro. Nick Adenhart lanzó 6 entradas en blanco, ponchó 5 y embasó 3 en su debut en la temporada del 2009. Ninguno de los que veíamos ese partido, por televisión o en el Angel Stadium, nos imaginamos que aquel comienzo sería el final. Adenhart murió esa noche en un accidente de tránsito.Desde juegos perfectos hasta no-hitters, peleas, jonrones, robos de base, en fin, todo; es un juego que te envuelve, te hace suyo. Nueve entradas podrán parecerle tediosas a muchos, pero habemos quienes daríamos mucho por alargar cada juego, y más aún, cada temporada. Cada lanzamiento trae consigo ansiedad y desesperación, y cada batazo nos detiene el corazón. Cientos de jugadores han dejado su marca en las Grandes Ligas, aunque sólo un reducido número habita el Olimpo del béisbol.
Yo soy una romántica del deporte. Hay imágenes que me conmueven más que a la inmensa mayoría y que me causan inmensa alegría, y a veces, inmensa tristeza. Soy fiel creyente de las pasiones, y la mía, que es este juego, me hace sentir viva.
162 partidos al año, y con suerte, un mínimo de 12 partidos más. Será una temporada eterna para algunos ilusos que no conocen lo que en realidad es sentir amor al juego... Pero permítame decirle, lector, que no hay espera más larga que aquella que va de noviembre a abril; esa espera es la eterna.
Con tan sólo 23 años, y 4 salidas en grandes ligas, Adenhart se convirtió en el corazón de una franquicia. La muerte de este joven hizo que yo, si esto era posible, me enamorará más y más del juego; el trato del equipo, la reacción de los fanáticos... Si existiese un ejemplo de lo que una familia debiese ser, lo que ocurrió el 9 de abril de 2009 sería el perfecto significado. Todos nos unimos a llorar la perdida de un hijo, de un compañero, de un futuro ídolo. Y ESO es el béisbol.
Este es el juego que amo, y con tributos como estos, con emociones como estas, con jugadores como estos, no me cabe duda alguna de que seguirá siendo mi mayor pasión.
Te extrañaremos siempre Nick... #ProhibidoOlvidar
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