Jamás había
entendido la teoría de la relatividad hasta hoy.
Por los
últimos 12 años había tenido la misma rutina; buscar el calendario FIFA, sacar
todos los partidos programados por la selección de Alemania y esperar. Y la
espera siempre se me hacía eterna.
A diferencia
de a muchos, a mí las fechas FIFA sí me causaban mucha ilusión. Las fechas FIFA
significaban una cosa: jugaba Alemania. Y un partido de Alemania siempre significaba
una cosa: ver a Bastian jugar. Así que anotaba los partidos de Alemania en mi
agenda, y esperaba. Esperaba ansiosa esos 8-10 partidos al año que jugaba la
selección, sólo para ver al “7” de mi corazón.
Y no sé por
qué, pero el “7” siempre me gustó más que el “31”. Ver a Schweinsteiger con el
Bayern jamás fue lo mismo que verlo con su selección.
Y así
pasaron 12 años.
Doce años
que en el transcurso fueron una eternidad, y que hoy siento que no fueron
suficientes. No, 120 apariciones con Alemania no fueron suficientes. Y me niego
a decir adiós.
Ni el
fútbol volverá a ser lo mismo, ni Alemania volverá a ser la misma. Podrán venir
mejores jugadores, podrá llegar otro Mundial, podrán ganar otros la EURO que él
nunca pudo saborear, pero la Alemania que Bastian Schweinsteiger, esa Alemania,
esa Alemania no volverá. Los últimos doce años de mi vida no volverán.
Jamás había
entendido lo que era ver el tiempo pasar hasta hace tres semanas.
Recuerdo su
debut contra Hungría como si fuera ayer. Recuerdo “su primer gol” en la Confederaciones,
aunque también recuerdo el doblete frente a Russia. Y recuerdo el 2006. Recuerdo
que la primera vez que lo vi llorar tras la semifinal contra Italia, pedí a la
vida no verlo así nunca más. Pero recuerdo más que nada el Hat-Trick a Portugal….
¡Y qué tres goles!
Y si me
piden escoger UN partido de Bastian, para verlo una y otra vez por el resto de
mi vida, escojo dos: mismo escenario, mismo rival. Bastian no habrá sido el
mejor jugador de la historia, ni siquiera el mejor de su país, pero si le vamos
a dar un título por ser el mejor en algo, yo se lo doy por ser el jugador que
mejor le ha jugado a Argentina en la historia. Los cuartos-de-final del 2010, la final
del 2014. Un solo referente y jefe en el campo, un capitán sin su banda, y todo
un Fußballgott.
Y miro para
atrás y está en todos mis recuerdos, porque ese dios alemán es la razón por la
cual amo este deporte, y es la razón por la cual lo seguiré amando. Y aunque de
ahora en adelante me duela ver a Alemania jugar, sin él, le agradezco todo su
sudor; por su país, y por el buen fútbol.
Y entendiendo
ahora la teoría de la relatividad, el 31 de agosto de 2016 llegará muy rápido,
y todos los días por venir se harán eternos sin él.


